
El jardín, con el nombre de la poetisa griega Safo, ocupa el lugar de los antiguos cuarteles de Numancia, y de aquella época se ha conservado un ficus de grandes dimensiones que, junto con otros ejemplares más modestos de tipuanas, buscar, tilos, prunus o bambúes, enmarcan un amplio rectángulo, soleado y vacío, donde se recupera la calma gracias al aislamiento que le proporcionan las altas fachadas de las casas. El silencio, estorbado tan sólo por las risas infantiles, es su principal encanto.